EL FOGÓN 1'618 +

Podemos imaginar: 'un círculo de piedras  grises de tiempos superpuestos, como queriendo acotar  un lecho madre de fogones...', cuyas cenizas, responden a la sublimación de los aportes hechos a través del tiempo, por los grandes y pequeños pensadores. Por los escritores, los poetas y los músicos. Por las actrices y actores. Por todos aquellos que consagraron cuerpo y mente a la danza, a la creación plástica. Por aquellos que con amor han contribuido a difundir la cultura durante el transcurso de su tiempo.

'el fogón - 1’618 + ?...'  aunque real, es más virtual que físico y no se ha concebido como un caluroso círculo donde cada participante 'arrima su sardina'. La transparente llama de este fuego no alimenta ambiciones personales. Él, debe ser alimentado. Aún en reposo, sus cenizas son protectoras de una lumbre que se percibe incandescente. Sólo es necesario el leve soplido de aquel que sanamente aporta 'ese algo' para contribuir a mantener y a difundir su calor, hacer mas visible su llama, y por que no, a 'que  sus cenizas también sirvan de lecho a otros fogones que persigan el mismo fin'. Se enfatiza sobre: + ?..., con la intención de representar el aporte que va mas allá de las formas y proporciones, mas allá de “lo correcto” o del 'buen oficio'. Ese componente incorpóreo, llámese:  duende, espíritu, alma, magia..., es imprescindible para el buen hacer, que, además de armonía y/o belleza, posea un atractivo que llegue a estimular las emociones y  se abran  nuevos e insospechados espacios a la imaginación.

Jorge Castro

 

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